La Ayalga y el Cuélebre

En esta ocasión os traigo dos personajes en uno. Por un lado tenemos al cuélebre, cúlebre o serpe, ser espantoso de las mitologías asturiana, cántabra y gallega (ahora mismo ignoro si existe un equivalente en la mitología vasca). Mora en lo más profundo de los bosques, en torreones y castillos en ruinas o en cuevas. Tiene el aspecto de una serpiente enorme, cubierta de durísimas escamas. Dicen que al envejecer le salen alas de murciélago de la espalda, lo que me hace pensar que es un trasunto del mito del dragón. Al igual que éste, suele proteger tesoros ocultos llamados ayalgas en asturiano, o a doncellas humanas encantadas, a las que también se las llama ayalgas o atalayas.

Estas mujeres permanecen prisioneras durante largos años, por lo que su expresión es triste y suelen entonar melancólicas canciones con la intención de atraer a algún valiente que mate al cuélebre y la libere tocándola con una rama de sauce, rompiendo de este modo su hechizo. Si el osado héroe aceptase casarse con ella una vez liberada, la ayalga volvería a ser humana y le entregaría el tesoro custodiado por el cuélebre.

No es fácil derrotar al cuélebre. Tan solo en la mañana de San Juan, el enorme reptil se aletarga y pierde su poder. Una forma de matarlos es dándoles de comer una piedra al rojo vivo.

El cuélebre, aparte de vigilar tesoros y ayalgas, protege los mundos subterráneos donde habitan las distintas razas de seres feéricos o elementales.